Menu Xerais

Agustín Fernández Paz: «O protagonista de ‘Fantasmas de luz’ aprendeu nos libros e nas películas a importancia da defensa duns principios»

Faro de Vigo publica unha entrevista de Mar Mato con Agustín Fernández Paz sobre o seu novo libro, Fantasmas de luz.

 

«He vivido como una desgracia el traslado de los cines a los centros comerciales»

Fernández Paz elige el paro y la precariedad laboral como hilos de su última novela

MAR MATO – VIGO Agustín Fernández Paz (Vigo, 1947) es uno de los autores gallegos contemporáneos más traducidos a otras lenguas. Tiene el don de los magos de la palabra, material que trabaja desde el corazón, moldeando las letras con un denominador común: la emoción. Ese saber hacer le ha brindado numerosos y prestigiosos galardones; el último, el Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil que recibió días atrás en la ciudad mexicana de Guadalajara. Ha regresado a la tierra cargado de energía. Ayer, la derrochaba en la librería Couceiro de Compostela en la presentación de su última novela, Fantasmas de luz (Xerais, con ilustraciones de Miguelanxo Prado). En ella, habla de un hombre y una mujer que se vuelven invisibles a la sociedad tras el desahucio del paro. Él, Damián, es el Alfredo gallego de Cinema Paradiso.

—¿Dónde nace esta novela?
—Lo que me ha motivado es lo que está pasando en la sociedad con el tipo de capitalismo colonizador que tenemos y las condiciones de trabajo que impone. Por otra parte, los de mi generación somos gente que nos empapamos de cine. El protagonista es un apasionado del cine pero el hilo es la precariedad laboral y el problema del paro que atraviesa toda la novela.

—También habla de la competencia depredadora.
—Es como está la sociedad actual donde los conceptos de solidaridad y cooperación no tienen excesiva buena prensa frente al individualismo y el sálvese quien pueda. El protagonista se queda sin trabajo y poco a poco se va volviendo transparente. Por otra parte, está el cine (donde trabaja y que cierra) ya que mucha gente en vez de formarse en las aulas, acabó formándose con las películas.

—Hay otros guiños, conscientes o no. Cuando amenazan con derribar el Cine Soñadores, pensamos en Cinema Paradiso.
—Sí, en ese y en los 51 cines (no multisala) de diferentes ciudades de España que tenían un papel más relevante en la vida social y que es el tipo de cine que yo añoro. Yo he vivido como una desgracia el traslado de los cines de la ciudad a los centros comerciales. Esta novela nace de un cuento que publiqué en el año 2000. En él, ya se veía el estado social que se vive en esta novela, una precariedad laboral en aumento; conquistas sociales por las que mucha gente sufrió y que se deshacen como si fuesen un terrón de azúcar. No obstante, la novela acaba con un aire de esperanza, de que otro mundo es posible como dice el altermundismo.

—… Si hay unión.
—Solo, cuando se supere el individualismo y se consigan movimientos solidarios. El estallido del 15-M ya es un síntoma.

—Resulta difícil imaginar algo diferente de lo que existe hoy.
—Muchas veces, los cambios sociales aparecen gestándose a lo largo del tiempo. ¿Quién no nos dice que ahora no hay fermento en la sociedad para el cambio en el futuro? ¿Quién nos iba a decir a nosotros, los de mi generación, que iba a caer el Muro de Berlín?

—En el libro, parafrasea a un personaje de Gary Cooper diciendo: “La vida del hombre no vale de nada si no vive de acuerdo con su conciencia”.
—La conciencia tiene que ver con tus ideas, tu visión del mundo, lo que te mueve por dentro. Las películas y las frases que menciono en el libro no han sido elegidas al azar. Son filmes que tienen un significado, un trasfondo, con personajes que ahondan en esa idea de que precisamos otro tipo de sociedad. El protagonista ha aprendido en los libros y las películas la importancia en la vida de la defensa de unos principios.

—¿Qué películas le han marcado a usted?
—Hay filmes que dejaron en mí una huella imborrable como Jules y Jim (Truffaut, 1961) que defendía la libertad sexual. Presenta a una mujer y dos hombres que viven juntos. También me marcó Matar a un Ruiseñor (Mulligan, 1962) y las películas de Bergman. Ahora, solo nos llega el cine comercial. Desde hace unos años, las películas francesas, inglesas o italianas parece que no existen. Ahora, en la carteleras solo ves lo que ofrecen las distribuidoras norteamericanas. Así son las cosas.

—Su primera película…
—Bien, no recuerdo la primera película que vi, sino la primera de la que tengo recuerdos. Fue Cuando los mundos chocan (Rudolph Maté, 1951). Como era niño, me impresionó mucho. Después, la volví a ver y no me dio miedo.

—Usted hace poco estuvo en Guadalajara recogiendo el premio SM. ¿Cómo vivió personalmente la polémica con la TVG a la que se acusó de censurar la noticia de la concesión a usted de dicho galardón?
—La alegría interior que supuso para mí la concesión de ese premio y las muestras de cariño que recibí en México me hicieron olvidar cualquiera desconsideración anterior. Yo me quedo con muchísimas sensaciones positivas. El resto no fue nada, cosas que suceden.

—Es triste que lo traten así en su país.
—Es un tema que no tiene que ver conmigo sino con valores culturales del cine, la literatura, el teatro… que no se ven prestigiados. En otros países, promocionan las actividades artísticas de sus habitantes, pero aquí vemos que no es así.

Mar Mato

Comentarios pechados