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O drama da guerra civil nas despedidas dos executados polo franquismo: «Cartas de republicanos galegos condenados a morte (1936-1948)», de Xesús Alonso Montero. Anotación no xornal «Diario Público»

O xornal Diario Público publicou unha reportaxe asinada por Henrique Mariño sobre o libro: Cartas de republicanos galegos condenados a morte (1936-1948), de Xesús Alonso Montero, publicado por Xerais na colección: Memoria. O libro gañou o Premio Ánxel Casal ao libro de non ficción, 2009 – Premio da Asociación de Escritores en Lingua Galega (Ensaio) 2010.

 

“Queridos hijos, me matan por ser bueno y querer que no padezcáis hambre”

Las despedidas de los ejecutados por el franquismo son “el género literario que expresa con más emoción el drama de la guerra civil”, según Xesús Alonso Montero, quien a sus 92 años sigue recopilando las últimas misivas de presos gallegos.

Un día antes de que lo ejecutasen, Manuel Estévez Gómez le envió a su familia una carta sobrecogedora en la que explicaba el motivo de su muerte a manos de “todos esos canallas que se llaman representantes de la justicia”. Fechada el 28 de enero de 1937, se dirige a sus “queridos hijos” y en especial a Emilia, la mayor: “Me matan por ser bueno, por querer que vosotros no padezcáis hambre y no andéis descalzos; en una palabra, por defender un gobierno que estaba constituido”.

Este albañil de Tui escribe con dificultad, comete faltas de ortografía y evidencia que no pudo ir a la escuela, pero entiende quién es y a qué mundo pertenece. “Es la carta de un obrero que no sabe puntuar. Un hombre pobre que carga con seis hijos a los treinta y cuatro años. Un trabajador que se afilió a la CNT para que defendiese sus derechos laborales, aunque quizás no tendría mayor vinculación con el sindicato, ni sabría quién era Kropotkin ni otros grandes teóricos del anarquismo”, explica el filólogo Xesús Alonso Montero.

Manuel era tan humilde que ni fotos tenía. Por eso, cuando Benito Prieto Coussent lo inmortalizó en la cárcel, se mostró tan agradecido que le dedicó unas líneas en el reverso de aquel rostro que fruncía el ceño circunspecto y miraba sin temor a la oscuridad: “Bendito seas, pintor, / que tal retrato has pintado / en los últimos momentos, / que a muerte me han condenado. / Tan bueno es su corazón / y es tanta su bondad, / no permitió que mataran / sin tal obra terminar”.

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